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Arte Cofrade

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Arte Cofrade

Arte Cofrade

Imaginería:

En el plano escultórico, como en otras tantas facetas artísticas, la ciudad de Málaga, tras su Reconquista por los Reyes Católicos, pasó a depender de la vecina Granada. En la época barroca (siglos XVII y XVIII), la exaltación religiosa postridentina y la consiguiente demanda de obras para las nuevas cofradías motivará que la influencia sea absoluta. Sólo la figura del insigne escultor Pedro de Mena y Medrano (1628-1688) bastará para cubrir con su quehacer toda su centuria y la siguiente. Este granadino, que vino a Málaga a ejecutar la sillería del coro de nuestra Catedral, terminaría quedándose a vivir y a morir en nuestra hospitalaria ciudad, y, cómo no, ejecutaría un gran número de obras religiosas, algunas tan importantes como el célebre Cristo de la Buena Muerte, tristemente desaparecido, en los sucesos de 1931 y cuya calidad era tal, que aún hoy, el pueblo malagueño sigue llamando a la actual talla (magnífica escultura de Palma Burgos) como "el Cristo de Mena". Tras él, escultores de la talla de Fernando Ortiz nos dejarán obras como la de Ntro. Padre Jesús Orando en el Huerto y la Virgen de los Servitas; pero, sobre todo, asistiremos a un gran número de obras anónimas, sobre todo de dolorosas, de íntimo dolor y recogida actitud, generalmente con las manos unidas e implorantes y que constituirán el auténtico "estilo malagueño" en la imaginería. De este estilo conservamos las titulares de las cofradías de los Dolores del Puente, Mena y Pasión, así como otras que, a pesar de las transformaciones sufridas, siguen conservando su impronta original, como es el caso de las Dolorosas de San Juan y de la Expiración.

Los desórdenes de 1931 y la consiguiente quema de iglesias destruirán casi todo el patrimonio cofrade. Tras la Guerra Civil serán de nuevo artífices granadinos y malagueños los que reconstruirán lo perdido. Es la época de Francisco Palma Burgos, que, junto con el ya mencionado Cristo de la Buena Muerte, nos dejará obras de la talla del Cristo de la Humillación y del grupo escultórico de la Piedad (auténtico homenaje a la memoria de su padre, el también imaginero Francisco Palma García, fallecido en la época de la Guerra Civil).

Con la llegada de los años 60 nuevos aires surcan el panorama cofrade. El cambio de gustos estéticos hará que sea ahora la ciudad de Sevilla el lugar hacia el que los dirigentes de las cofradías pongan su mirada y así autores como Buiza Fernández, Castillo Lastrucci, Álvarez Duarte o Dubé de Luque sean los imagineros favoritos. Se pasa entonces de obras expresivas aunque dulces y sin un dramatismo exacerbado a otras dotadas de un gran naturalismo, en el que los elementos más crudos de la pasión también se ponen de relieve. Afortunadamente, en Málaga siguen coexistiendo pacíficamente todas las tendencias, con incluso alguna representación del arte levantino (como es el caso de las magníficas obras de Mariano Benlliure: los titulares cristíferos de las cofradías de la Expiración y Esperanza).

Talla ornamental:

Desde las pequeñas andas sin apenas decoración que existieron desde el siglo XV hasta principios del XX hasta los monumentales tronos popularizados en los años que suceden a la Guerra Civil hay un abismo. El caso es que se ha quedado como paradigma de lo malagueño el trono de grandes dimensiones y peso, y que se construye básicamente en madera tallada y dorada, siendo su característica principal el juego de volúmenes que busca jugar con luces y sombras y ofrecer unos verdaderos "retablos andantes". A este estilo contribuyó decisivamente en los años 20 el granadino Luis de Vicente, cuya obra, aunque lamentablemente desaparecida, fue de tal calidad que influyó en los tallistas malagueños de postguerra, entre los que destaca su discípulo Pedro Pérez Hidalgo. Sin embargo, el cambio estético de gustos experimentado en los años 60 también fue decisivo. Aparte de la reducción de dimensiones, lógica en las hermandades que realizan estación de penitencia en la Catedral ya que necesitan unos tronos adaptados a las dimensiones de la puerta del templo, los tronos son ahora realizados en orfebrería y con la minuciosidad y en ocasiones diseño propio de los pasos de palio.

Arte - Semana Santa

Orfebrería:

El arte de trabajar el oro, la plata y otros metales nobles es consustancial al fenómeno de la Semana Santa. Desde las joyas que lucen las imágenes hasta los tronos en los que se procesionan, pasando por los enseres que llevan en la procesión algunos de los penitentes, siempre hay algo metálico con adornos barrocos. Los núcleos productores de enseres en plata son Córdoba y Sevilla, que vuelve a imponer su hegemonía en la actualidad, sobre todo en diseño y volumen de la ornamentación, predominando los motivos calados, meticulosamente labrados.

Es en las imágenes de la Virgen y sus tronos en los que este arte luce con mayor esplendor. En cualquier caso, todos estos elementos, además de su función estética y decorativa, también tienen su función práctica: un candelabro profusamente adornado servirá, por ejemplo, para sujetar las velas que iluminan las imágenes.

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Bordado: 

Si bien es cierto que una procesión puede salir a la calle sin llevar ninguno de sus enseres bordados, no es lo habitual, sobre todo si tenemos en cuenta que el llevar enseres profusamente bordados confiere prestigio. Túnicas bordadas de arriba a abajo para las imágenes de Cristo y sayas y, sobre todo, palios y mantos para la Virgen son las prendas más destacadas, confeccionadas casi siempre sobre un soporte de terciopelo y siendo los materiales más comúnmente utilizados los hilos de oro y plata, así como las sedas de colores. Todos estos elementos se disponen sobre unas estructuras en telas y cartones que les confieren volumen, adoptando formas generalmente inspiradas en motivos vegetales, y en donde el estilo barroco es, como siempre que hablamos de Semana Santa, el que domina sin ningún tipo de discusión.

Es en los mantos donde la espectacularidad del bordado puede llamarnos más la atención, ya que estas piezas en Málaga pueden llegar a medir más de ocho metros de largo. Si hay que destacar dentro del arte cofrade aquel que más pueda destacar por sus artífices en nuestra ciudad en la actualidad, no cabe duda de que el bordado juega aquí el papel más importante, ya que tanto los más veteranos como los jóvenes valores que van surgiendo han conseguido, con su buen hacer y su profesionalidad, que este arte vaya a más y con ello que el patrimonio de nuestras cofradías crezca en número y calidad.

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